ENTRADA #1

Hace 12 años que navego por este mar al que los humanos llaman Mediterráneo. Les gusta mucho, a menudo los veo disfrutarlo, casi tanto como yo. Navegan en artefactos muy grandes, a veces demasiado. Tan ruidosos que hasta a mí me despiertan, y eso que mi sueño es profundo, sueño de muchos años de flotar. Eso cansa. En este mar casi siempre estoy sola, bueno, me refiero a visitas ajenas, porque tengo unos compañeros sin los que no sé si podría continuar mi viaje.

Por alguna razón que ignoro, hay muchos pececillos a los que les gusta navegar debajo de mí día y noche. A veces aparecen otros más grandes, incluso veo cierta tensión entre ellos. Puede que estar solos ahí fuera no les guste, y buscan la sensación de seguridad de algo casi de madera, yo. Sin embargo, a menudo me cruzo con grandes navegantes. Los atunes rojos nunca van solos, se adoran, se quieren, navegan aleta con aleta, da gusto verlos tan fuertes y azules.

Los cachalotes impresionan, vienen de muy abajo, suben cansados por algo que ignoro, pero casi nadie los importuna, salvo cuando llevan a sus hijos consigo. Entonces los veo dudar, y formar como una enorme flor en el agua para protegerlos de los grandes tiburones, y de las orcas. Ellas son listas, lo sé por cómo me miran. Pero casi siempre voy sola con mis viajeros asociados, soy como un oasis, y eso me gusta.

Ayer me quedé dormida cuando el sol de la tarde es más fuerte. Ya había comido una hermosa langosta y varias medusas, estaba feliz. Entonces algo enorme me sobresaltó, buque lo llaman, lleno de cajas enormes, casi me pasa por encima. A los delfines, sin embargo, parece que les gustan, porque celebran carreras en su proa desafiando el peligro. Yo soy más lenta, más de pensar las cosas. He visto, sin embargo, un barco diferente. Es de madera, se parece a mi, como con escamas, de mí mismo color. También parece rutear sin agobios, y sobre él viajan humanos sonrientes. Bueno, uno de ellos me hipnotizó, no sé qué hizo, estaba detrás de mi; nadando tan tranquilo, que me llamó la atención ¡me dio un abrazo!

Bueno, un abrazo y un poco de susto también, pero poca cosa. Pronto os cuento lo que ocurrió cuando me subieron a ese barco raro lleno de sonrisas…

 

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Jasmine Spavieri