ENTRADA #2

Hola de nuevo, hoy ha sido un día tranquilo, sigo pululando al sur de las Islas Baleares, entre Mallorca y Menorca. El mar está bastante calentito, aunque ya se nota que se acerca el otoño. Ahora que son las tres de la tarde más o menos (mi reloj es solar), es cuando me gusta echarme una siesta flotando en este Mediterráneo azulito y precioso. Hoy he hecho régimen de medusas, me he comido casi diez porque son muy ligeras, casi todo agua; más que comer parece que las medusas se beben. ¡Ah! y una deliciosa puesta de calamar que flotaba, esa si que alimenta.

Os contaba el otro día mi aventura con aquel barco de madera, que parecía hecho de caparazón de tortuga, en el que me metieron. Primero fue ese tipo de los rizos flotantes que, de pronto, vi detrás de mi. Al principio lo confundí con una medusa enorme, y me acerqué a él para comprobarlo y comérmela. Pero vi que tenía ojos, y las medusas no tienen ojos. Pero tampoco sonríen. Cuando me quise dar cuenta, me agarró con una mano sobre mi cabeza y la otra por detrás ¡ese tipo sabía lo que hacía! Traté de nadar hacia abajo con todas mis fuerzas pero él me subió. Al final decidí respirar y relajarme dentro de lo posible….

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Jasmine Spavieri
ENTRADA #1

Hace 12 años que navego por este mar al que los humanos llaman Mediterráneo. Les gusta mucho, a menudo los veo disfrutarlo, casi tanto como yo. Navegan en artefactos muy grandes, a veces demasiado. Tan ruidosos que hasta a mí me despiertan, y eso que mi sueño es profundo, sueño de muchos años de flotar. Eso cansa. En este mar casi siempre estoy sola, bueno, me refiero a visitas ajenas, porque tengo unos compañeros sin los que no sé si podría continuar mi viaje.

Por alguna razón que ignoro, hay muchos pececillos a los que les gusta navegar debajo de mí día y noche. A veces aparecen otros más grandes, incluso veo cierta tensión entre ellos. Puede que estar solos ahí fuera no les guste, y buscan la sensación de seguridad de algo casi de madera, yo. Sin embargo, a menudo me cruzo con grandes navegantes. Los atunes rojos nunca van solos, se adoran, se quieren, navegan aleta con aleta, da gusto verlos tan fuertes y azules.

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Jasmine Spavieri